Mientras avanzan las obras que prometen transformar el mapa logístico sudamericano, Paraguay trabaja en otro desafío menos visible, pero igualmente decisivo: construir las capacidades institucionales necesarias para que esa infraestructura se traduzca en una mayor competitividad.
La apertura de nuevas carreteras, puentes y pasos fronterizos vinculados al Corredor Bioceánico de Capricornio —tal como muestra la portada, que conecta la costa atlántica de Brasil con los puertos del norte de Chile a través de Paraguay y el norte argentino— representa una oportunidad estratégica para el país. Como nación mediterránea en América del Sur, su competitividad depende en gran medida de contar con conexiones eficientes que faciliten el acceso a los mercados internacionales.
Sin embargo, las autoridades paraguayas sostienen que la infraestructura física, por sí sola, no es suficiente. Los puentes y centros fronterizos deben ir acompañados de nuevos modelos de gestión, mayor coordinación interinstitucional y herramientas tecnológicas que permitan aprovechar plenamente estas inversiones.
Esta necesidad ya había sido señalada en estudios sobre facilitación del comercio y procesos transfronterizos realizados en el marco del Plan Maestro Regional de Integración y Desarrollo del Corredor Bioceánico de Capricornio, que identificaron oportunidades de mejora en materia operativa, normativa, de recursos humanos e institucional.
Precisamente sobre esta premisa giró el seminario organizado por Procomex, en el que Mikael Larsson, especialista del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y Juan Olmedo, gerente de Aduanas de la Dirección Nacional de Ingresos Tributarios (DNIT), analizaron la experiencia paraguaya en la construcción de institucionalidad de gestión en paralelo con el desarrollo de infraestructura fronteriza.
Fronteras más eficientes
Durante su intervención, Mikael Larsson señaló que las fronteras de América Latina continúan operando, en muchos casos, bajo esquemas fragmentados, donde las distintas agencias gubernamentales actúan de manera independiente, con procedimientos y sistemas poco integrados.
Esta situación genera duplicación de controles, mayores tiempos de espera y costos adicionales para el comercio. Según estimaciones del BID, las ineficiencias en los pasos fronterizos pueden representar entre el 4 % y el 12 % del valor de las mercancías, un impacto significativo que se traduce directamente en mayores costos para el sector privado. A ello se suma que el tiempo promedio de cruce fronterizo en América Latina y el Caribe alcanza aproximadamente las 55 horas, una cifra ampliamente superior a los estándares internacionales. En comparación, Europa registra tiempos promedio de entre 10 y 12 horas, e incluso en algunos países los cruces pueden resolverse en menos de una hora. Esta brecha evidencia una pérdida estructural de competitividad para la región.
Frente a ese escenario, el especialista del BID destacó la importancia de avanzar hacia modelos de gestión coordinada de fronteras que permitan aumentar la eficiencia de los controles y mejorar la competitividad de las economías.
“La modernización no consiste únicamente en construir infraestructura. También implica trabajar sobre procesos, tecnología, capacidad institucional y gestión del cambio”, explicó.
Larsson identificó cinco condiciones necesarias para avanzar en esa transformación: un marco normativo adecuado, instituciones fortalecidas, infraestructura funcional, soluciones tecnológicas y capacidad para gestionar los cambios organizacionales.
Experiencias regionales
El especialista repasó experiencias impulsadas por el BID en Centroamérica, donde la modernización de pasos fronterizos permitió reducir significativamente los tiempos de despacho y aumentar la capacidad operativa.
En el caso de Paraguay, destacó que el organismo multilateral acompaña tres líneas de acción complementarias. La primera está orientada al fortalecimiento institucional, en particular a la creación de la Dirección Nacional de Ingresos Tributarios (DNIT), establecida mediante la Ley N.º 7.143/2023, que unificó la Subsecretaría de Estado de Tributación (SET) y la Dirección Nacional de Aduanas. Esta integración ha permitido reforzar el control transfronterizo, mejorar la gestión de riesgos, consolidar el despacho aduanero digital obligatorio y optimizar la eficiencia y trazabilidad de los procesos.
La segunda busca impulsar las exportaciones y atraer inversiones, incorporando un componente específico de gestión coordinada de fronteras. La tercera procura fortalecer la inserción internacional de las empresas paraguayas.
Uno de los proyectos más relevantes es la puesta en marcha del modelo de gestión para el Puente de la Integración, que une Presidente Franco con Foz de Iguazú. Las proyecciones indican que la iniciativa podría reducir aproximadamente a la mitad los tiempos de exportación y disminuir los tiempos de importación desde unas 60 horas hasta alrededor de 23 horas.
Change management
A su turno, Juan Olmedo sostuvo que Paraguay desarrolla diversos proyectos vinculados al Corredor Bioceánico y a la próxima habilitación de nuevos pasos fronterizos, pero remarcó que las obras físicas constituyen solo uno de los componentes necesarios.
“La infraestructura es solamente una parte. También necesitamos tecnología, procesos y, sobre todo, gestión del cambio. Tiene que existir una actitud institucional que permita transformar esas inversiones en resultados concretos”, afirmó.
El gerente de Aduanas explicó que la DNIT trabaja sobre cuatro ejes: diagnósticos específicos para cada frontera, diseño de soluciones adaptadas a cada realidad, fortalecimiento de capacidades y desarrollo de marcos normativos acompañados por planes de implementación.
Según señaló, el desafío inmediato es la puesta en funcionamiento del Puente de la Integración con Brasil, mientras que el gran reto estratégico es el Corredor Bioceánico de Capricornio.
Smart control
Olmedo sostuvo que la Aduana paraguaya busca evolucionar desde un esquema basado principalmente en controles físicos hacia un modelo sustentado en inteligencia y gestión del riesgo.
“El control seguirá siendo importante, pero debe ser más eficiente y más eficaz. Nuestro objetivo es avanzar hacia un control inteligente”, explicó.
En ese sentido, destacó que el intercambio de información entre las distintas agencias que operan en frontera permitirá desarrollar perfiles de riesgo más precisos y reducir controles innecesarios.
Asimismo, señaló que los sistemas de inspección no intrusiva y los escáneres constituyen herramientas fundamentales, aunque advirtió que no resulta eficiente controlar el 100 % de las operaciones.
“Los escáneres deben formar parte de una estrategia integral basada en la gestión del riesgo”.
Interoperabilidad con Brasil
Otro de los aspectos destacados por Olmedo fue el trabajo conjunto con Brasil para avanzar en la interoperabilidad de los sistemas informáticos y el intercambio de información con Siscomex.
Además, remarcó la importancia del programa Operador Económico Autorizado (OEA), concebido como una herramienta clave para otorgar beneficios a los operadores confiables y fortalecer la seguridad de la cadena logística, en línea con los estándares promovidos por la Organización Mundial de Aduanas. Señaló que existen acuerdos regionales de reconocimiento mutuo del OEA y de facilitación del comercio con países de Centroamérica y del bloque del Pacífico, aunque muchos de estos entendimientos aún no alcanzan una implementación plenamente efectiva.
En esa línea, subrayó que los acuerdos operativos —como la coordinación de horarios, los mecanismos de control conjunto y los reconocimientos mutuos— requieren pasar de la formalidad normativa a una ejecución real y sostenida. También destacó la necesidad de establecer estándares mínimos de verificación, con el escaneo no intrusivo como base tecnológica en los pasos fronterizos, para evitar cuellos de botella y optimizar la operatoria del comercio internacional.
Institucionalizar las transformaciones
Como conclusión, el gerente de Aduanas de la DNIT sostuvo que el verdadero desafío no radica únicamente en la ejecución de proyectos o en la incorporación de tecnología, sino en lograr que las nuevas prácticas se consoliden como políticas permanentes.
“Todo esto puede quedar en documentos o presentaciones. El cambio ocurre cuando las personas se apropian de los procesos y las instituciones logran sostenerlos en el tiempo”, señaló.
En ese sentido, remarcó que el objetivo de Paraguay es avanzar hacia una gestión coordinada de fronteras que trascienda a las administraciones y se consolide como política de Estado, en el marco del Mercosur y del Corredor Bioceánico de Capricornio.
Asimismo, destacó la necesidad de establecer mínimos de convergencia regional, en el marco de la presidencia pro tempore de Paraguay en el Mercosur durante el primer semestre de 2026, que permitan transformar la integración en resultados concretos. Entre ellos, mencionó la interoperabilidad de los sistemas aduaneros —de modo que el intercambio de datos entre países del corredor permita anticipar información antes de la llegada del camión—, la coordinación de horarios entre los organismos de control de ambos lados de la frontera y el reconocimiento mutuo de controles para evitar duplicaciones.
A ello se suman estándares mínimos de verificación, como la incorporación del escaneo no intrusivo como base tecnológica en los pasos fronterizos del corredor, y la promoción de esquemas de Operador Económico Autorizado (OEA) con reconocimiento recíproco a nivel regional.
“Las buenas prácticas deben institucionalizarse. Ese es el gran desafío y, al mismo tiempo, la gran oportunidad que ofrece el Corredor Bioceánico de Capricornio”, concluyó.

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