Desde 1992, el Boletín FAL de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) se ha consolidado como una de las principales fuentes regionales de análisis en materia de facilitación del comercio, transporte y logística. Durante más de tres décadas, la publicación ha acompañado la evolución del comercio internacional y los procesos de modernización sectorial, abordando temas estratégicos como la modernización aduanera, el desarrollo portuario, el transporte marítimo, la conectividad logística y la integración física regional.
En este marco, en 2025 la CEPAL publicó el documento “Mejor infraestructura para una mayor integración económica en América Latina y el Caribe”, elaborado por Sebastián Herreros y Miryam Saade Hazin. El trabajo —de 17 páginas— advierte que, pese a más de seis décadas de esfuerzos regionales, la región enfrenta “un gran rezago en materia de integración económica”.
Avances y desafíos en la integración económica regional
Eso es relevante, ya que el análisis permite diseñar y ajustar políticas de desarrollo más efectivas. El documento señala que, si bien se registran avances en la liberalización del comercio intrarregional y en la construcción de marcos normativos comunes, “persisten barreras estructurales que continúan limitando una integración más profunda, competitiva y efectiva”. Por ello, se requiere una nueva generación de políticas de desarrollo que aborden estas limitaciones.
El análisis examina la evolución de la integración económica en América Latina y el Caribe, con especial énfasis en el comercio intrarregional, la conectividad física y la infraestructura de transporte y logística. A partir de un enfoque histórico y contemporáneo, identifica limitaciones estructurales, oportunidades emergentes y experiencias recientes que podrían contribuir a revitalizar el proceso integrador.
Desde la década de 1960, la integración regional ha sido un objetivo estratégico para la región, impulsado inicialmente por la visión estructuralista de la CEPAL, que promovía la ampliación de los mercados nacionales mediante la integración regional para fomentar la industrialización, aprovechar economías de escala, diversificar exportaciones y reducir la dependencia de materias primas. Estas ideas dieron origen a los primeros esquemas de integración subregional, como el Mercado Común Centroamericano y el Pacto Andino, consolidando un modelo fragmentado en distintos bloques que persiste hasta la actualidad.
A lo largo del tiempo, la integración atravesó distintas etapas: una primera fase asociada a la industrialización liderada por el Estado; luego el regionalismo abierto de los años noventa, que concibió la integración como complemento de la inserción global; y posteriormente una etapa de regionalismo con agenda ampliada, que incorporó temas como servicios, digitalización, infraestructura e innovación.
Sin embargo, pese a los avances en liberalización arancelaria y en la construcción de marcos normativos regionales, el comercio intrarregional “sigue siendo bajo y ha mostrado una tendencia decreciente”, reflejando limitaciones estructurales en la complementariedad productiva y en la profundidad de las cadenas regionales de valor.
Este diagnóstico adquiere mayor relevancia en un contexto global caracterizado por tensiones geopolíticas, transformaciones tecnológicas, reconfiguración de las cadenas de suministro y desafíos climáticos. Frente a este escenario, el documento sostiene que la región debe “repensar su estrategia de integración con pragmatismo, visión de largo plazo y voluntad política renovada”.
La CEPAL ha sostenido de manera constante que la integración regional es clave para impulsar la diversificación productiva, fortalecer la innovación, promover la transformación productiva y aumentar la autonomía estratégica de la región. En este sentido, un mayor desarrollo del comercio intrarregional permitiría reducir vulnerabilidades externas y mejorar la resiliencia económica regional.
No obstante, persisten obstáculos estructurales relevantes, entre ellos la fragmentación institucional, la limitada coordinación de políticas productivas, la falta de mecanismos eficaces para compensar asimetrías entre economías y la fuerte dependencia de los ciclos políticos nacionales, que dificulta sostener agendas de integración de largo plazo. A esto se suma la menor relevancia relativa del comercio regional frente a mercados extrarregionales, lo que reduce los incentivos económicos para profundizar la integración.
Infraestructura y conectividad: ejes estratégicos para la integración
En este contexto, la infraestructura emerge como un factor crítico. El documento advierte que la insuficiente inversión en infraestructura de transporte, logística y conectividad digital “ha limitado la competitividad regional, encarecido el comercio y dificultado la articulación de cadenas productivas”. Asimismo, la CEPAL remarca que la región no solo requiere mayor inversión, sino infraestructura “de calidad, sostenible, resiliente e inclusiva”, capaz de facilitar la movilidad interna, reducir desigualdades territoriales y mejorar el acceso a servicios esenciales.
Las Asociaciones Público-Privadas (APP) son señaladas como una herramienta relevante para cerrar brechas de infraestructura, especialmente cuando se orientan a los Objetivos de Desarrollo Sostenible, priorizando el acceso universal, la sostenibilidad fiscal y ambiental, la gobernanza participativa y la replicabilidad de los proyectos.
Los análisis recientes también resaltan la relación directa entre infraestructura logística y seguridad alimentaria, especialmente en regiones vulnerables donde la conectividad portuaria, de almacenamiento y digital resulta clave para garantizar el abastecimiento y la resiliencia ante crisis externas.
En América del Sur, iniciativas como el Consenso de Brasilia y el proyecto Rutas de la Integración Sudamericana evidencian un renovado impulso hacia la integración física, productiva y digital. Estos proyectos buscan desarrollar corredores logísticos bioceánicos, promover el transporte multimodal y fortalecer las cadenas regionales de valor, con el objetivo de reducir costos logísticos, mejorar la conectividad entre el Atlántico y el Pacífico, disminuir asimetrías territoriales y consolidar una integración regional sostenible y de largo plazo.
Asimismo, tendencias globales como el nearshoring podrían abrir nuevas oportunidades para la región, especialmente si se logra avanzar en el desarrollo de cadenas de valor regionales, la digitalización del comercio, la interoperabilidad de ventanillas únicas y esquemas de cooperación flexible entre países. El aprovechamiento de recursos naturales estratégicos —como litio, cobre y minerales críticos— también aparece como una oportunidad para impulsar una integración productiva con mayor valor agregado.
En síntesis, la evidencia regional indica que la profundización de la integración económica en América Latina y el Caribe depende en gran medida del fortalecimiento de la infraestructura física, logística y digital, así como de una mayor coordinación regional. Avanzar en estos frentes será determinante para construir economías más resilientes, competitivas e inclusivas, capaces de enfrentar los desafíos del escenario internacional y sostener un desarrollo productivo sostenible en el largo plazo.

Fuente: CEPAL, Boletín N.º 409. Facilitación, Comercio y Logística en América Latina y el Caribe.
◾Se adjunta el documento para su lectura. https://www.cepal.org/es/publicaciones/82444-mejor-infraestructura-mayor-integracion-economica-america-latina-caribe
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