Gustavo Idígoras: “El acuerdo implica el desafío de trabajar en serio por la productividad y la calidad para exportar al mundo”

Gustavo Indígoras, presidente de la Cámara Argentina de la Industria Aceitera y del Centro de Exportadores de Cereales (CIARA-CEC). Foto:Aduana News

Tras el proyectado acuerdo del Mercosur con la Unión Europea (UE), se presenta el primer desafío de la historia del bloque sudamericano: trabajar en serio para aumentar la producción, su calidad y la exportación. Esa fue una de las conclusiones que dejó Gustavo Idígoras, presidente de la Cámara Argentina de la Industria Aceitera y del Centro de Exportadores de Cereales (CIARA-CEC) en una entrevista concedida a Aduana News. Detalló que hay muchas oportunidades, a pesar del alto nivel de proteccionismo en el comercio internacional. Por qué reconoce la gestión de Mauricio Macri. La visión de un líder.

Pregunta: ¿Es realmente un entendimiento el acuerdo Unión Europea- Mercosur?

Respuesta: El denominado acuerdo Unión Europea-Mercosur es, en realidad,  un entendimiento político de cuáles son las concesiones  a otorgarse tanto de la Unión Europea como del Mercosur  y ahora se está escribiendo “la letra chica”, a la cual, seguramente, en tres o cuatro semanas  tendremos acceso para conocer cómo quedarán las concesiones  y listas arancelarias. En términos  generales me parece el fin de una larga década y media  de  angustia entre dos bloques que finalmente llegan a un entendimiento político relevante, un hecho histórico que cierra la primera negociación exitosa para el Mercosur, que tiene treinta años de historia. Es el primer acuerdo comercial con uno de los bloques más importantes del mundo, Europa. Hasta ahora, el Mercosur sólo había hecho profundizaciones de acuerdos de complementación económica, es decir, había tomado de ALADI para profundizarlo con Chile, México, Ecuador, Colombia, Comunidad Andina, pero nunca había hecho un acuerdo comercial completo de bienes y servicios, reglas de origen, propiedad intelectual. Es este sentido, es un acuerdo histórico, claramente. Me parece que puede posicionar al Mercosur en un lugar distinto ya que no había entrado en este círculo internacional de acuerdos comerciales.

P: ¿Y cuáles son las oportunidades para el comercio de bienes?

R: En términos de bienes, el primer beneficio tiene que ver con la eliminación de derechos de importación en Europa. La eliminación se hará con un cronograma de desgravación, esto significa que cada año la reducción tendrá un porcentaje similar, hasta llegar a cero, en bienes agroindustriales e industriales. Otro grupo de bienes tendrá cuotas, porque Europa no se animó claramente a eliminar derechos de importación en carne, azúcar y otros productos, porque tiene una estructura de derechos de importación altamente proteccionista, en términos de agregado de valor. Cuanto más valor agregado tiene el producto para exportar, más derecho de importación cobra Europa. Por lo tanto, esto que se llama escalonamiento arancelario, en función de esta línea de desgravación, se elimina y vamos a tener la posibilidad de acceder a ese mercado sin aranceles. Por ejemplo: en siete años, una vez que entre en vigor el acuerdo, se eliminan todos los derechos de importación para los aceites refinados envasados. Hoy, Europa cobra el 15 por ciento. Si uno no lo refina y lo manda a granel es 9 por ciento. Si uno lo manda en bruto es 6 por ciento. Todos esos aranceles se eliminan. Por lo cual, Argentina como primer exportador mundial de aceites  vegetales puede acceder al mercado europeo, que es un gran importador por 1.500 millones de dólares por año aproximadamente.

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En el segundo gran rubro, que a mi entender tiene más significación que el primero, entran las medidas sanitarias y fitosanitarias, y el reglamento técnico, es decir,  el capítulo de normas. Esto es muy importante porque si yo quiero exportar azúcar a Europa tendré una cuota, pero esa cuota tendrá una serie de requisitos en materia de sanidad y calidad que se deben cumplir. Hoy, Europa se caracteriza por ser el mercado más exigente en términos de reglas de calidad y sanidad de los productos.

Al tener la alternativa de crear un grupo específico birregional y bilateral, porque Europa va a negociar con Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay de manera individual también, tenemos un tratamiento dual. Entonces, aparece un problema al querer exportar maíz, porque existe un límite residual máximo de agroquímicos. Vamos a tener la posibilidad de encontrar una solución en un plazo que no debe superar los 120 días; esto está establecido en el acuerdo. Además, en nuestra región, nosotros tenemos zonas libres de determinadas enfermedades o plagas, Europa debe reconocerlas como tal.  Y las pruebas de laboratorio deben tener una validez  equivalente, para certificar la calidad de los productos, tanto en Europa como  en Mercosur, Europa deberá reconocer este aspecto. Esto es muy importante para la Argentina porque gran parte de las medidas de acceso a mercados son no arancelarias. Estas medidas no arancelarias, para el perfil exportador argentino, representan más del 70 por ciento de los problemas concretos a resolver.

Los beneficios del acuerdo no serán inmediatos. Hay que calcular que el proceso de debate legislativo llevará de dos a tres años. Por lo tanto, a priori, considero que el 1 de enero de 2023 empezaría la puesta en vigencia del acuerdo. Desde entonces habrá que esperar 7 años, en promedio, para la eliminación total de derechos de importación para cualquier sector agroindustrial. Es decir, hay que prever el desarrollo de negocios con la Unión Europea a partir del 2030.

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P: ¿Cuáles son las exigencias internacionales para el desarrollo de negocios?

R: Las medidas no arancelarias están cambiando a áreas novedosas. Por un lado, comenzaron con medidas sanitarias y fitosanitarias que van desde la fiebre aftosa hasta el cancro de los cítricos o la carpocapsa. Esto ha mutado a cuestiones de inocuidad. Cuestiones de límites de residuos, contaminantes naturales como las micotoxinas, ahora son parte de los requisitos. Asimismo surgieron los criterios de sustentabilidad ambiental y social.

Con respecto a sustentabilidad ambiental, Europa cada vez  pide más requisitos vinculados con las huellas de carbono, con la garantía necesaria de que el lote de soja o maíz no provengan de un área deforestada. Estos requisitos son novedosos, pero empiezan a establecerse como medidas a nivel de estándares públicos y privados.

¿Qué son los requisitos sociales? Hay que garantizar que en la cadena de valor no haya práctica de esclavitud en términos de horario de trabajo, dar garantía de que no haya trabajo infantil y se respete la libertad sindical. Todo esto es parte de los nuevos requisitos, hay un capítulo especial en el acuerdo Mercosur-UE, para fomentar su cumplimiento. 

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P: ¿Cómo ve al Mercosur ante esos requisitos que facilitarían el comercio?

R: El Mercosur, en general, tiene un bajo nivel de preparación en estos temas. Por el momento, no hay mecanismos de gestión pública, sino de gestión empresaria. Cada empresa trata de posicionarse mejor con certificaciones privadas y etiquetado de productos. Esto que era nicho de mercado se está transformando en una condición generalizada. Por lo tanto, hacen falta mecanismos de gestión regionales. La CIARA como industria de cereales, lanzó en el 2018 una iniciativa con una ONG internacional, Natural Conservances, que tiene el proyecto “Agroideal” en Argentina y Brasil, donde se mapeó todo el gran Chaco (Paraguay, Argentina, Bolivia y Brasil). Particularmente en Brasil y Argentina se mapeó cada departamento de provincia para ver cuáles son las zonas elegibles para la compra de maíz y soja. Estamos en la etapa de implementación. El sistema se terminó de diseñar junto con Desarrollo Humano de cada departamento provincial, con la legislación laboral para saber si en cada lote se cumplió con la ella. Si la zona se identifica como roja, no se le comprará el producto. Esto se hizo junto a la industria de Brasil. De a poco estamos construyendo ese camino. Lo bueno que tiene el acuerdo Mercosur-UE es que por primera vez empieza a establecernos reglas sobre cómo actuar y producir. Esto tiene sus ventajas porque si uno quiere venderles aceite en el 2030, tiene que trabajar desde ahora. Tenemos diez años para adaptarnos

P: ¿Qué beneficios pueden tener Argentina y la región  con un entorno proteccionista?

R: Estamos en un mundo donde el libre comercio dejó de existir y no regresará en muchas décadas. Por lo tanto, las aperturas unilaterales son suicidas. Ningún país abre sus fronteras a cambio de nada. Estamos ante un nuevo paradigma, pero el proteccionismo es malo para Argentina, cuyo desarrollo económico y social depende de su capacidad de exportar al mundo. Necesitamos más dólares y no podemos seguir pidiendo préstamos. La única manera genuina de conseguirlos es lograr un volumen de comercio exterior mayor, para que los dólares que necesitamos sean generados por nosotros mismos. En esto, la exportación es la única herramienta que hay y las exportaciones agropecuarias son de respuesta rápida. Después vendrán otros sectores, como el petroquímico, el gas, etc.

Por lo tanto, frente al proteccionismo mundial, la única salida es la administración de acuerdos comerciales. Frente a la eliminación del libre comercio, el mundo ha elegido con quién hacer negocios y ha celebrado cuatrocientos setenta acuerdos comerciales en los últimos quince años, pero no han incluido al Mercosur, hasta ahora. Esto implica que el 90% del comercio mundial de alimentos y bebidas  se encuentra bajo acuerdos comerciales de comercio administrado.  Mercosur estaba fuera de esto. Hoy, tenemos la posibilidad de crecimiento comercial en un 30% porque sumamos a Europa, pero si agregamos a Canadá y EFTA para fin de año, Corea del Sur y Singapur para el año próximo, México para el año que siguiente y así sucesivamente, vamos a sumar un porcentaje importante de crecimiento. Esto implica que Argentina, a partir de los acuerdos, va a abrir una cantidad de oportunidades comerciales para que todos los sectores productivos tengan la posibilidad de venderle al mundo. Nuestro mercado pasaría de 40 millones a cientos de millones de consumidores. Esta es la gran oportunidad que ofrece el acuerdo Mercosur-UE.

P: ¿Cuáles son los puntos positivos y aquellos a mejorar en este aspecto, de la gestión del presidente Macri?

R: Hay que reconocer que el Mercosur tuvo una debilidad que es la carencia de voluntad política para avanzar. El bloque nació fuerte con Alfonsín y Sarney como plataforma exportadora y para fortalecimiento democrático. Logró la consolidación democrática pero nunca la exportadora, porque no se hicieron los acuerdos necesarios. Macri en 2016 asumió la voluntad política de priorizar un cambio en el Mercosur. Negoció con cada uno de los presidentes del bloque para encarrilar una negociación que llegó a este término.

Puedo criticar dos cosas: por un lado, la confidencialidad de la negociación no fue una buena táctica, porque la sociedad desconocía en qué consistía. Entiendo la sensibilidad del asunto, pero considero que había márgenes de negociación que se podían compartir públicamente. Por otro lado, necesitamos tener una cultura exportadora en Argentina y en la región. Hay que entender que el mercado interno se proyecta con más producción y para que haya más producción y calidad hay que venderle al mundo. Mi aspiración es que el actual gobierno o el que venga se comprometa a generar una cultura de exportación.

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 Mini bio  

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 *Gustavo Idígoras (49 años)

*Politólogo

*Padre de tres hijos

*Hobby: jugar al tenis y dar clases en la universidad

*Frase: “Los logros se alcanzan con insistencia en los objetivos y con profesionalismo en la negociación”.

Por: María Elsa Coronel


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